Martín Vázquez, director científico de Indear,
sostiene que “el ser humano es un superorganismo constituído por células
propias y células de terceros, que son los microbios que desarrollan un
sinnúmero de funciones en nosotros”.
Publicado
en El Ciudadano el 21 mayo 2015
Por Antonio Capriotti
La semana pasada, en una conferencia dada en Rosario, Martín Vázquez,
doctor en Biología que lidera proyectos de genómica y bioinformática en Indear,
(un emprendimiento que articula al sector público con el sector privado),
comenzó su disertación con una afirmación provocadora: “Homo sapiens es un
súperindividuo”, y ante el asombro de la audiencia conformada por algo más de
dos mil personas, se preguntó: “¿Por qué?”, para responderse: “Nos dimos cuenta
de que estaba provisto de sus propias células y de otro grupo de células, que
si bien no le pertenece, interactúa con sus propias células; es el microbioma
humano que está llamado a cumplir funciones sin las cuales, el ser humano no
podría vivir; es por esto que el ser humano es un súperindividuo”.
Vázquez, quien cubre la función de director científico de Indear, una
empresa de investigación y desarrollo surgida de una alianza entre la privada
Bioceres y el Conicet, y que cuenta con la primera plataforma de secuenciación
de ADN de alto rendimiento disponible en Argentina, detalló ante una audiencia
que lo seguía llena de asombro que el ser humano cuenta con unos 30 mil genes y
que, por cada gen humano, hay aproximadamente 300 genes de microbios, lo que da
la friolera de unos 10 millones de genes. Al mismo tiempo invitó a la audiencia
a reflexionar sobre que el ser humano por cada célula alberga, además, 10
células de microbios de especies diferentes. Células que nos constituyen como
el ser biológico que somos.
“¿Cómo no lo vimos antes?”, se preguntó Vázquez. El Ciudadano quiso
indagar sobre el impacto que este avance puede tener sobre la salud humana.
—La tecnología les
dio a ustedes las posibilidades de clasificar, estudiar y definir el microbioma
de cada uno de nosotros, ¿qué contribuciones trae a la salud humana?
—Con la tecnología actual podemos observar y monitorear el microbioma.
Nos permite, además, ver si algunas dolencias que no tenían una explicación
clara, encuentran su origen en el microbioma. Para lo cual, primero necesitamos
tener una referencia de individuos sanos. Nosotros hemos hecho junto a un
laboratorio local la primera referencia humana; elaboramos un mapa local
reclutando 10 hombres y 10 mujeres sanos en quienes estudiamos, muestreando,
diversos sitios para establecer el microbioma: fosas nasales, bucofaríngeo en
cuatro zonas, piel en dos sitios, gastrointestinales y vagina en mujeres; luego
procesamos estas muestras de la misma manera que lo hicieron en el banco de
datos de Estados Unidos, con el Proyecto Microbioma Humano, siguiendo los mismos
procesos estandarizados y sus respectivos protocolos. Analizamos 1.500 muestras
y encontramos diferencias, sobre todo, en el microbioma intestinal con la
población sana estudiada en los Estados Unidos.
—¿Este tipo de
estudio se ha hecho en otras partes?
—No. Es el primero en Argentina y creo que en el resto de Latinoamérica.
—¿Cómo se define el
microbioma y por qué se le llama segundo genoma?
—Cada microorganismo tiene su genoma; al conjunto de ellos se lo llama
microbioma y representan el segundo genoma, ya que el primer genoma es el
genoma de la célula propia. Ambos genomas interaccionan repartiéndose
funciones. Por eso sostenemos que el ser humano es un superorganismo que está
constituido por células propias y células de terceros que son los microbios que
desarrollan un sinnúmero de funciones que nosotros, con nuestras propias
células, no podemos hacer. Este proceso se fue dando por la evolución de
millones de años. Es como si fuera un acuerdo mutuo. Ese conjunto es el que
lleva adelante todas las funciones del organismo del ser humano.
—¿Cada individuo
tiene su propio microbioma, tan propio como su genoma?
—Sí. Es una firma única, así como nuestro código genético es único.
Existen pequeñas variaciones entre un ser humano y otro que lo hacen único. En
el microbioma pasa exactamente lo mismo. El microbioma es una firma de cada
individuo y es mucho más dinámico que el genoma propio.
—¿Qué pasa cuando
entran en conflicto genoma y microbioma?
—Se generan desórdenes que son los que producen enfermedades; las que
son producto de errores de nuestras propias células y, otras veces, de errores
del segundo genoma. En ese punto entran en conflicto. Conflicto quiere decir
que hay una dolencia, una patología, un desorden. Cesaron los beneficios de
aquel acuerdo y el organismo entra en conflicto.
—¿Ese conflicto es
el origen de las enfermedades que padece el ser humano?
—Hasta no hace mucho le atribuíamos la exclusiva responsabilidad al
componente genético del ser humano. No siempre le encontramos la explicación y
ahora nos damos cuenta que, en realidad, el haber podido describir este
microbioma en los humanos, nos induce a fijar la atención en las alteraciones
de ese microbioma como responsable de una cantidad de enfermedades desde las
que tienen que ver con la conducta y con la salud mental, hasta enfermedades
como diabetes, obesidad, enfermedades inflamatorias intestinales.
—¿El microbioma y
su relación con el medio ambiente nos revelaría que el nuestro es diferente al
de Estados Unidos, o al de regiones de Asia o África?
—Claro que sí. El microbioma está fuertemente impactado por las
condiciones ambientales locales, por ejemplo, el tipo de vida que lleva la
persona, el tipo de alimentación, el clima del lugar, etc; todo lo cual impacta
sobre la constitución de ese microbioma. La situación cultural, diferente según
los lugares, y la dinámica del microbioma, hacen que haya diferencias. El
microbioma se constituye localmente en cada región, para lo cual hay que
conocerlo localmente.
—¿Estos estudios de
secuenciación del microbioma a los que hace referencia son accesibles?
—Sí. Cada vez son más accesibles y van a estar más cerca de la clínica.
Estamos en ese camino de lograrlo. La idea es tener estas firmas moleculares de
diagnóstico de microbioma que nos permitan saber qué es lo que se desordenó
para poder tratarlo. Estas tecnologías de secuenciación nuevas nos permiten hacer
diagnósticos primarios.
—¿Una vez instalada
la enfermedad por el desorden del microbioma, la terapéutica que se usa es la
tradicional o se recurre a terapéuticas nuevas?
—Es una buena pregunta porque existen muchas variantes tanto sea con
prebióticos o probióticos.
—¿Cuál es la
diferencia entre ellos?
—Un probiótico es uno o una mezcla de microorganismos vivos que se
introducen en el organismo mediante una dieta y favorecen el desarrollo de la
flora microbiana en el intestino. Prebiótico es una molécula orgánica no viva
pero que tiene la capacidad de estimular el crecimiento de ciertos
microorganismos que ya están en el cuerpo; entonces sea prebiótico o probiótico
es tratar el desorden para lograr o restablecer el equilibrio. Existen los que
van a ser diseñados, modelados especialmente para tal o cual patología a la que
van a tratar específicamente; que pueden ser pre o probióticos de diseño y
existen naturales que se pueden usar para prevención incorporándolos a la dieta
habitual. Hoy sabemos que la dieta rica en fibras representa una dieta
equilibrada. Sabemos que en el microbioma intestinal se alimentan de ellas y
generan una serie de moléculas beneficiosas para el organismo que mantiene el
sistema inmune equilibrado. Cuando a la dieta le falta fibra esos microorganismos
dejan de proliferar, dejan de estar presentes, dándole la oportunidad a otros
patógenos oportunistas de ocupar ese lugar y generar desequilibrios que
repercutirán en el sistema inmune. Si bien se está estudiando desde hace años,
recién este año pudimos conocer en el mundo el microbioma de la piel.

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