sábado, 18 de abril de 2015

Recursos para investigaciones

Publicado el 16 abril 2015 en  El Ciudadano
 
 
Por Antonio Capriotti
 
Carolina O’Donell, magister en Política y Difusión de la Ciencia, explicó los alcances del incentivo por becas Ramón Carrillo-Arturo Oñativia donde se priorizan “proyectos ligados a la salud pública y de solución posibles".
Carolina O´Donell

La Comisión Nacional Investiga Salud del Ministerio de Salud de la Nación, creada en 2002, ha reorientado su visión y desde 2010 asumió el desafío de promover y distribuir en forma equitativa el financiamiento nacional, por medio del incentivo de su beca Ramón Carrillo-Arturo Oñativia. Con la misma se intenta la distribución equitativa de los recursos en todo el territorio del país, a la par que se privilegian proyectos de investigación de salud sobre temas que apunten a resolver problemas concretos dentro del área, con los cuales se enfrenta la sociedad todos los días; dejando de lado los recursos destinados a investigaciones básicas.
Se asignan puntajes adicionales a los trabajos según la zona geográfica de la que provengan los proyectos, asignándoselos a los provenientes de las regiones del NOA y del NEA.
Carolina O’Donell, magister en Política y Difusión de la Ciencia, explica cómo se define la Comisión Nacional Salud: “Es un programa del ministerio creado en el año 2002, cuando era ministro Ginés González García, quien tuvo como visión reorientar los recursos destinados a investigación científica en salud hacia temas que tuvieran como impacto resolver problemas concretos dentro del área de salud. Hasta ese momento los recursos se destinaban a la investigación básica. Como este rubro lo tienen resueltos otros organismos del Estado, en el ministerio se creyó conveniente colocar esos recursos a investigar problemáticas concretas y cercanas a la gente para intentar resolver problemas que se ocasionan en los efectores de salud en su intento de responder a la demanda de la gente”.
—¿Y en ese contexto surgió la beca Ramón Carrillo-Arturo Oñativia?
—Sí. Siempre que los trabajos propuestos apunten a resolver problemas de Salud Pública. Problemas que tengan que ver con la epidemiología y con los servicios de salud; propuestas que no contaban con programas ni financiamiento.
—Para usar un término muy en boga: ¿se trataba de áreas huérfanas?
—Sí; pero ahora están perfectamente contemplados con una política direccionada hacia esos temas concretamente. En este momento estamos analizando los trabajos que responden a la convocatoria que hicimos el año pasado. Este año disponemos de 15 millones de pesos para financiar 300 becas.
—¿Qué características deben tener los proyectos para aspirar a la obtención de la beca?
—Tenemos diferentes categorías de proyectos; los individuales, que son los presentados por un profesional inserto dentro de una institución de salud, de una institución académica, de una ONG; o, incluso, dentro de una institución del gobierno. Pensemos en una municipalidad, por ejemplo. Por otro lado están los proyectos multicéntricos con un grupo de investigadores. Dentro de los proyectos individuales los temas pueden ser sobre investigaciones clínicas o de salud pública. Desde 2012, incorporamos un nuevo rubro que llamamos becas de iniciación. Existía un límite de edad: 30 años, y pudimos observar que las propuestas recibidas incluían a profesionales de especialidades donde la gente comienza a estudiar después de los treinta años; como son los enfermeros, por ejemplo. Esto nos llevó a revisar los requisitos e incorporamos las becas de iniciación, ya que, de lo contrario, se dejaba afuera a mucha gente con proyectos que podían resultar más que atrayentes.
—El proyecto de investigación que se presenta, ¿debe tener como origen una institución pública, o se contemplan trabajo que provengan de una institución privada?
—Nosotros privilegiamos a la institución pública pero no lo cerramos. De todos los trabajos recibidos, el 85 por ciento proviene del sector público y el 15 por ciento al sector privado.
—¿Qué otros requisitos deben reunir los postulantes?
—Que sean universitarios, o egresados de carreras de al menos cuatro años de cualquier área, siempre que el proyecto esté relacionado con la salud. Se requiere entonces que sean profesionales y pertenezcan a una institución que los avale y los respalde; y los proyectos deben estar avalados por el comité de ética de la institución a la que el o los profesionales pertenecen.
—¿Los montos de las becas?
—El monto en 2015 es de 50 mil pesos anuales y la beca es de un año de duración. El ministerio cuenta con 240 evaluadores que son pares de quienes presentan los proyectos; estos son los encargados de evaluar los proyectos que recibimos. A ese puntaje, que el evaluador coloca con rigor metodológico, nosotros le agregamos un puntaje adicional por zona geográfica. Tratamos de este modo compensar a los proyectos que vienen del NOA o del NEA que tienen 150 puntos adicionales, la Patagonia tiene 100 puntos, el Centro tiene 50 puntos y Buenos Aires y Litoral 30 puntos.
—Se nota en la distribución de los últimos años un marcado aumento del interior sobre la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal. Incluso una de las provincias que ha incrementado su participación es Santa Fe…
—Sí. Lo que nosotros priorizamos son los proyectos que aborden un problema cuya solución es posible. Problemas concretos y soluciones posibles como resultado de la investigación y siempre en materia de Salud Pública.
—Y que ese proyecto responda a necesidades locales y/o regionales.
—E incluso nacionales. Tenemos estudios multicéntricos que estamos financiando y que responden a necesidades nacionales. Luego hacemos un seguimiento de esos resultados para que puedan volcarse a la práctica para que no quede como un trabajo de investigación que no toma forma concreta. Debemos tener en cuenta que el ministerio no cumple el rol del Conicet. El ministerio apunta a cuestiones concretas para resolver problemas que afectan y cuyas posibles soluciones surgen de estos proyectos de investigación.
—¿En qué fecha se convoca a las becas?
—Las becas cubren el período anual que va de mayo de un año a mayo del siguiente año. El llamado con la convocatoria de los proyectos se hace el año anterior. Este año lo haremos en septiembre para las becas Ramón Carrillo-Arturo Oñativia del 2016.
—¿Se publican los trabajos?
—Editamos una revista desde el año 2010. Y también subimos a la web un catálogo con los resúmenes, con los resultados de todos los trabajos que se presentaron; los que tuvieron buenos resultados y los que no alcanzaron a tenerlos. También tenemos una tercera estrategia; el otorgamiento de un premio que es la publicación de un libro on line; destinado a aquel trabajo que tuvo un impacto a nivel institucional, local, regional o nacional.
—¿Las universidades participan; tienen alguna injerencia en la presentación de postulantes para encarar proyectos de investigación?
—No. Se debe tener en cuenta que sólo el 30 por ciento de los proyectos viene del mundo académico; el resto se origina en hospitales, centros de salud y otras instituciones de salud de esferas gubernamentales. Las universidades se inclinan más, en los temas de salud, por investigaciones de las ciencias sociales. Allí tenemos un gran pool de becarios que viene de las universidades y hacen investigaciones sociales, en algunos casos de buena repercusión, como ser, por ejemplo, un estudio de barreras de acceso a los servicios de salud. Son investigaciones antropológicas o sociológicas; investigaciones demográficas en poblaciones vinculadas con la atención de la salud.
Registro nacional de investigaciones en salud
Desde 2002 funciona y está en el portal de la página (http://www.saludinvestiga.org.ar/) que publica la Revista Argentina de Salud Pública; una publicación trimestral del Ministerio de Salud de la Nación, forma parte del Sisa (Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino); el mismo está abierto para todo aquél que quiera encarar un proyecto de investigación en salud pública. El Registro también cuenta con los informes de Anmat sobre ensayos clínicos con medicamentos. En esto se siguen las recomendaciones de la OMS para que los ensayos clínicos cuenten con la transparencia necesaria.

Albert Einstein


Un día como hoy pero en 1955, fallecía en Nueva York, Albert Einstein

Algunas reflexiones que quiero compartir con ustedes:



“Si yo tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, gastaría los primeros 55 minutos en intentar encontrar la pregunta apropiada; una vez que contara con ella, podría resolver el problema en menos de cinco minutos”.

—Albert Einstein


"Lo importante es no dejar de hacerse preguntas"

— Albert Einstein



 


Arturo Frondizi

Un día como hoy pero en 1995, fallecía, Arturo Frondizi.

Algunas de sus frases que destaco y quiero compartir con ustedes:




"Cambié mi postura porque prefiero renunciar a una actitud intelectual irreal, que mantenerla en desmedro de los intereses del país”. 

“No hay libertad verdadera sin garantías de una efectiva justicia y seguridad social”. 

“No renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país”. 

viernes, 17 de abril de 2015

Sábado a partir de las 08:00 horas y hasta las 10:00, "La silla", ciencia, tecnología y salud. "La silla", entre esperar sentados o sentarnos a crear...

Noticias de ciencia y tecnología

Nuevas tendencias en el entrenamiento del fútbol con Jorge Giri, director de la carrera de actividades físicas, del Instituto Universitario del Gran Rosario

Luego, el ingeniero Agrónoma Fernando Corral entrevistará a su colega

FLAVIA RUT BELLA, para dialogar y reflexionar sobre:
Buenas Prácticas Agrícolas

Graciella Mamarella te acercará los datos meteorológicos y las innovaciones en ciena, tecnología y salud humana.

Raúl Allín, presidente del Colegio de Odontólogos de la provincia de Santa Fe 2da Circunscripción, dirigiéndose a sus colegas y a la población en general

Después, a las 09:00, mostrarán la forma de hacer radio pacientes de Consultorio extterno del Roque Saenz Peña; agrupados en "El puente", peronas excluidas con afecciones estigmatizantes, nos mostrará, en una radio, cómo es "hacer radio".

Además...

                   música, literatura y arte
 

lunes, 13 de abril de 2015

Homenaje a Galeano

En 1976, en una cárcel llamada Libertad.
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, reír, cantar, caminar rápido, ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas y pájaros.
Bidascó Pérez, maestro de escuela; torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel. Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa.
Bidascó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles. Muchos, pequeños círculos entre las ramas.
"¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?".
La niña lo hace callar.
"Shsss", y en secreto le explica: "Bobo, ¿no ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas..."

domingo, 12 de abril de 2015

La realidad que está ahí afuera


Ariel Dobry doctor en física, docente e investigador del Conicet local, teoriza sobre qué es la realidad, para un Físico y afirma que “su evolución histórica no sólo la podemos ver como una construcción humana sino como una construcción social”. 

Publicado en  Diario El Ciudadano el 9 abril 2015

Por Antonio Capriotti

¿Es real la realidad? Esta pregunta es el título de un libro escrito hacia fines de los 70 por Paul Watslawicz, un integrante de un grupo de elite intelectual liderado por Gregory Bateson, en la Escuela de Palo Alto, Estados Unidos. Para este experto en comunicación, la realidad es el resultado de la comunicación. El autor sostiene que plantea una tesis paradojal, ya que la realidad, siguiendo al sentido común,  es lo que la cosa es realmente y la comunicación, el modo de describirla y de informar sobre ella; mientras que él intentará demostrar, a lo largo de un libro escrito con rigor científico, amenidad y lenguaje coloquial,  que la percepción de la realidad es ilusoria; y lo que se hace frente a ella es apuntalarla incluso hasta el nivel de distorsionar los hechos simplemente para no contradecirla.

Desde hace unas décadas, se ha instalado un dilema que pone en jaque la forma en que el ser humano cree percibir la realidad como tal e independiente de la persona que la observa; la polémica descansa sobre si es posible acceder a la “realidad” que el ser humano dice poder percibir por medio de sus sentidos.

Mario Bunge, que ha estado muchas veces en Rosario, tiene una visión tradicional sobre el modo en cómo el observador influye en el experimento que llevará adelante. Bunge, cuenta con un prestigio ganado en sus trabajos en física y, luego, en filosofía de la ciencia, ante la pregunta de este cronista, sobre si el observador influye en lo observado, manifestó que no lo hace con su mente “porque si así fuera no podríamos confiar en los aparatos de medición. Influye, sí, al crear y diseñar los instrumentos y los experimentos con los que encara y mide la observación, ya que éstos no se dan en la naturaleza”.

La física es una ciencia calificada como “dura”. Parece que a través de ella, lo que está afuera de quien la observa, puede ser descripto con objetividad por un observador incontaminado. Así, al menos el “positivismo nos condujo a concebir un mundo con entidades sólidas, circunscripto, como si tuviera existencia fuera de nuestra mente…”, describe Claudia Perlo, doctora en educación e investigadora del Conicet, en su reciente libro: “Hacer ciencia en el siglo XXI”; y más adelante señala, “entendemos que somos partícipes, artesanos, autores y responsables de una realidad holográfica, inclusiva y entrelazada”.

Ariel Dobry es doctor en física, docente e investigador del Conicet y acepta, ante el requerimiento de El Ciudadano, responder a la pregunta sobre qué es la realidad para un físico. “Para un físico del común”, sostiene Dobry, “es lo que él puede medir con sus aparatos. Para Galileo, la realidad eran las balas de cañón que él tiraba desde la torre de Pizza; su aparato de medición reposaba en su sistema auditivo, ya que según el sonido de las balas, al caer, le señalarían la velocidad de sus caídas. Para Galileo, eso era “la realidad”.

Su manifestación experimental era su pedazo del mundo, al que aislaba para poder estudiar una hipótesis con la que buscaba una demostración coherente. Un físico moderno, que cuenta con toda una tecnología a la que pone en juego, introducirá un material dentro de un aparato para mirar el resultado en una pantalla de computadora, o se lo marcará una aguja, u otro patrón de medida y eso va a ser la realidad para él.

A lo sumo, esto nos habla de un aspecto de esa realidad, ya que sin una preconcepción de lo que yo, como científico, espero obtener de mi experiencia, sin esa construcción mental, es decir sin una teoría, ese contacto con lo “real” no tiene ningún sentido. Mirar el resultado de una curva en una computadora o una aguja en un medidor, no me dice nada si yo no tengo ‘algo’ que espero de esa intervención”.

Claudia Perlo, en el libro mencionado, trae una referencia de dos autores, Briggs y Peat, quienes señalan que, en cierta ocasión, Einstein le indicó a Heisenberg que “no tenía caso tratar de construir teorías a partir de los observables, pues, a fin de cuentas, era la teoría misma la que indicaba a los físicos qué se podía observar y que no en la naturaleza” (Hacer ciencia en el siglo XXI; página 81).

Robert Pircig es un escritor norteamericano que pasó por la química, la filosofía y el periodismo. Es autor de “Zen y el arte de la mantención de la motocicleta”, un libro de filosofía que indaga en los valores. Es ameno, presentado bajo el formato de relato ficcional. El autor recorre en motocicleta los Estados Unidos junto a su hijo y una pareja de colegas suyos de la universidad. Lo sustancioso de la historia ocurre cuando, luego de andar por caminos secundarios, viajando a Montana, desde Mineapolis hasta los montes Dakotas, a la hora de descansar, en el acampe, y alrededor del fuego, Chris, su hijo, y Sylvia y John, despuntan el arte de la conversación.

Allí, el autor, ante una inquietud de su hijo sobre la existencia de fantasmas, aprovecha para dar su opinión sobre la ciencia y el pensamiento mágico de los antiguos habitantes del planeta. Robert Pircig sostiene que el nivel intelectual de los científicos y el que tenían quienes en el pasado creían en las ánimas y los fantasmas, carece de diferencias. No eran ignorantes, sino que sus creencias eran el producto del contexto de sus pensamientos en el momento y el lugar que les tocaba vivir y desarrollar sus experiencias.

Luego, apela a ley de la gravedad, y se pregunta si la misma existía como tal antes de que en el planeta se desarrollara la vida humana. Pircig concluye que la ley de Newton no existía en ningún lugar salvo en la cabeza de la gente. “Las leyes de la naturaleza son invenciones humanas, tal como los fantasmas. Las leyes de la lógica y de las matemáticas también son invenciones, como los fantasmas (…)”. El autor sentencia: “El mundo no tiene existencia alguna fuera de la imaginación humana” (pág 43 a 46).

“¿Y de qué otra cosa puede hablar el hombre, más que de fantasmas?”, se preguntaba León Felipe, el poeta.

Para Ariel Dobry, “la naturaleza es extremadamente compleja. La ciencia no puede describirla; lo que puede hacer es aislar una parte y pensar que al caerse una manzana de la planta se puede, como Newton hizo, formular el tiempo de caída pero en forma ideal, haciendo abstracción de todo lo que nos rodea incluyéndonos a nosotros y al mismo Newton, por supuesto. Nuestras leyes físicas son construcciones teóricas; son poderosas y útiles porque nos permiten, de alguna manera, un cierto control sobre ciertas variables, pero nunca sobre todas las variables que pueden intervenir”.

Alguien deslizó, con una dosis de ingenio y atrevimiento, que “no vemos el mundo como es sino como somos”.

A propósito de esta sentencia, Dobry recuerda: “Hace unos años, llevé a nuestro laboratorio un grupo de la carrera de Antropología y les mostré una cuerda que nosotros hacíamos vibrar y que estaba sujeta en los extremos. Era un experimento que hacíamos con los alumnos para observar los armónicos de acuerdo a cómo hacíamos vibrar la cuerda, con lo cual podíamos ver distintos puntos en donde la cuerda no vibraba; a partir de allí, nosotros componíamos ‘nuestra historia’; esa era nuestra realidad. Nuestros visitantes dijeron que veían algo de cierta belleza, algo que tiene un movimiento y que se aquieta; que muestra una figura que va cambiando. Lo que ellos no podían ver eran ciertos cambios que para nosotros eran triviales. La conclusión es sencilla: nosotros íbamos al encuentro del experimento con un armado teórico que ya teníamos incorporado y lo que veíamos era esa realidad, pero la realidad que nosotros decíamos ver, la realidad que nos estaba dando ese aparato que eran los nodos de un honda, no era sino lo que nosotros estábamos buscando en nuestro armado teórico. Buscábamos comprobar una  teoría previa”.

— ¿Esto es lo que ha llevado a mucha gente a afirmar que la realidad es una construcción humana?

— Lo que podemos decir es que el concepto de realidad, tal cual se ve desde la física ha tenido una evolución histórica, consecuentemente no sólo la podemos ver como una construcción humana sino como una construcción social. Los primeros científicos modernos, como Galileo y Newton, que fueron los creadores de lo que nosotros llamamos la ciencia clásica, pensaban que la ciencia puede describir la realidad independientemente de su observación. A principios del siglo XX, en estudios que tenían que ver con el mundo atómico, ese concepto de realidad comienza a hacer una crisis y lo que hoy conocemos como la física cuántica ha dejado abiertos caminos de interpretación para algunos conceptos de la física tradicional que han sido puestos en tela de juicio y rompe con ese concepto de realidad”, concluye Dobry.

sábado, 4 de abril de 2015

Autismo

El autismo se define como un conjunto de trastornos complejos del desarrollo neurológico, caracterizado por dificultades en las relaciones sociales, alteraciones de la capacidad de comunicación, y patrones de conducta estereotipados, restringidos y repetitivos.
El autismo es el más conocido de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), que por este motivo también se denominan trastornos del espectro autista (TEA), y son considerados trastornos neuropsiquiátricos que presentan una gran variedad de manifestaciones clínicas y causas orgánicas, y afectan de forma diversa y con distinto grado de intensidad a cada individuo; esto significa que dos personas con el mismo diagnóstico pueden comportarse de diferente manera y tener aptitudes distintas.

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*Autismo: qué debemos saber, con Ivana  Mansilla, una madre del grupo de Padres TGD Rosario.

*El agua en el agro, con el Ingeniero Fernando Corral en un espacio auspiciado por el Colegio de Ingenieros Agrónomos de la Provincia de Santa Fe 2da Circunscripción

*Noticias de Ciencia...Tecnología y Salud, espacio a cargo de Graciela Mamarella


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