Violeta Vázquez,
directora de la Escuela de Formación Profesional en Puericultura y
Familia presentó
su libro Dar la Teta. Se define como doula: “mujeres que
Acompañamos el
proceso de la maternidad desde un lugar intuitivo”.
Publicado el 28
mayo 2015
Por Antonio
Capriotti
La palabra
puericultura viene del latín y alude al niño y su cuidado. Apunta a lograr el
máximo desarrollo biopsicosocial del niño. Las puericultoras se desempeñan
difundiendo las bondades de la lactancia materna, chequean y corrigen la
prendida del bebé a la teta y ayudan a comprender las bondades de la crianza
con apego.
Desde el año 1999
existe la Asociación Argentina de Puericultura, que surgió como respuesta a las
inquietudes de muchas familias, respecto a la lactancia y crianza de sus hijos.
Dar la teta, un libro editado por la editorial Del Nuevo Extremo, y escrito por
Violeta Vázquez, quien se define como madre, doula, puericultora y directora de
la Escuela de Formación Profesional en Puericultura y Familia, Panza y Crianza.
“Las doulas”,
aclara Violeta Vázquez, “somos mujeres que acompañamos el proceso de la
maternidad desde un lugar intuitivo que no tiene tanto que ver con el saber
académico, sino con el saber que nos dio el ejercicio de haber experimentado
con nuestros cuerpos el proceso del parir. Es una figura que aparece en todas
las culturas. Doula significa mujer que sirve. En las culturas más antiguas,
siempre hubo mujeres alrededor de la que va a parir”.
—¿Cómo surge el
rol de la puericultura?
—Surge como una
figura femenina que acompaña a la mujer en su tránsito a la maternidad, que
está fuertemente atravesada por la lactancia. Allí comenzamos a advertir que la
lactancia es la continuidad del parto. Que podemos gestar y tener un niñito 40
semanas dentro de nuestro vientre y que la continuación fisiológica de esta
gestación es la primera prendida al pecho de nuestro bebé. Una lactancia
prolongada ayuda a espaciar los embarazos”.
Cuando hace
referencia a la necesidad de la presencia de la doula, Vázquez pone el acento
sobre que, “en las instituciones que atienden el parto de la mujer, ésta casi
no tiene voz”; y agrega que a “la mujer que llega a una clínica se le pregunta
de manera automática y genérica por su obra social, por sus análisis y pocas
cosas más; le toman la presión, le escuchan el latido al bebé, pero en todo
esto no se escucha la voz de la mujer”.
—¿Allí se
intensifica la presencia de la doula?
—Creo que hay que
prestar atención a la voz de la mujer. La doula cuida y está atenta a un
proceso que es más emocional que clínico. La doula tiene conocimientos sobre
lactancia materna y está capacitada para ayudar a comprender los problemas que
se suscitan alrededor del cuidado del bebé en relación, tanto a la lactancia
como a la crianza: higiene del niño, el sueño del niño, la vuelta al trabajo de
los padres, la alimentación complementaria, el destete.
—Durante un
tiempo se cuestionó al acto de dar la teta, ¿por qué dar la teta?
—En primer lugar
es la continuidad natural de tener un hijo. Dar la teta es lo natural. La leche
de fórmula es buena como alimentación complementaria en el caso de que exista
algún impedimento para la lactancia materna. Dar la teta debe ser un hecho natural
e intuitivo. Los niños cuando nacen necesitan del cuerpo de sus madres. Esta es
una respuesta en términos ideales. Pero, en realidad, en ese momento se nos
atraviesan diversas realidades emocionales y cultures; lo que nos lleva a
revisar cada caso en particular, con su historia propia. Hay mujeres que les
resulta tedioso y difícil ese vincularse con sus hijos. Es una elección, que
debe partir de una decisión informada. Conociendo los beneficios y las
consecuencias del destete. De este modo su decisión será tan valiosa como
respetable.
—¿Dar la teta es
algo más que dar la teta?
—Cuando damos la
teta recobramos todo lo que tuvimos dentro de la panza. El niño recobra la
sensación de sentirse acunado, apoyado sobre el cuerpo de la madre puede
escuchar los latidos del corazón, olerla y sentir el ritmo de la respiración de
la madre. Dar la teta tiene que ver con la entrega al mundo de la maternidad,
que implica hacerle al bebé un útero por fuera. Es una sensación extrauterina.
Dar la teta garantiza que toda esa gestación que es necesaria en el período de
entre los 3 y los 9 primeros meses del bebé extra útero, se pueda hacer
efectiva con la sustancia más viva, maravillosa y específica para cada ser
humano. Ningún alimento es tan completo como la lecha materna.
—¿Y para la madre
qué significa?
—Dar la teta le
abre a la mujer un mundo que tiene que ver con su propia historia. Cuando una
le pone al cuerpo a una situación tan gestual y tan íntima, tan preciada y
valiosa, como es dar la teta, aparecen las sombras y los fantasmas, las zonas
oscuras, los ‘no puedo’. Por eso decimos que la maternidad es el momento donde
todo se quiebra; se quiebra nuestra identidad para elegir una nueva forma de
ser a partir de un lugar completamente destruido desde el que uno se tiene que
reconstruir. La maternidad actualiza la versión de nosotras mismas.
—¿Para la mujer
es una manera de conocerse a sí misma?
—Sí. En mi caso
el acercarme a la puericultura se mezcla con mi primer embarazo y fue el
disparador para ir al encuentro de una serie de técnicas de autoencuentro. Me
hizo remontar a mi pasado y, así, pude acercarme a una técnica que se llama
biodecodificación rizoma.
—¿Puede
explicárnosla?
—Es una técnica
que empiezo a practicar con mis pacientes de puericultura y que tiene que ver
con ir al encuentro de nuestros ancestros, de nuestro pasado y descubrir cuál
es el hilo conductor de nuestra historia personal. Conocer qué les pasó a
nuestros padres, a nuestros abuelos y a nuestros bisabuelos. Es un ir al
encuentro con uno mismo. Para conocer quiénes somos hay que conocer quiénes
fueron los que nos concibieron.
Armar el árbol
genealógico y la búsqueda de similitudes en ese árbol que nos depara muchas
sorpresas. Conocemos muy poco de nuestros ancestros; y repetimos más de lo que
pudimos reconstruir por nosotros mismos.
—¿Y éste es el
mejor momento?
—Es muy bueno
trabajar en el momento del posparto; aprovechar que la mujer está tan sensible
y puede remontarse a ese espacio inconsciente de su ser bebé; es el momento de
una de las crisis vitales; como lo son, por ejemplo, los duelos; que nos ayudan
a llegar hasta nuestras raíces. Armar tu historia desde el mismo origen y dejar
de repetir la historia narrada por otros.
—Además de tener
en cuenta lo que el posparto significa para la mujer, en cuanto a esa sensación
de vacío que queda dando vueltas…
—Después del
parto la mujer queda colgada y necesita contarlo, revivirlo, compartiéndolo con
su pareja; agotar la experiencia. Hay que tener oído para esto, también.
—¿Cómo se
desarrolla el rol de doula en el momento del parto?
—En Rosario, las
doulas tienen un rol muy activo ya que es una ciudad donde esta práctica se ha
difundido, ya que hay equipos médicos que contemplan la necesidad de incluir a
doula en sus prácticas de partos. Creo que es un cambio paradigmático. Si el
médico lo permite, puede entrar al parto ya que ella no se encarga de ningún
aspecto clínico. Sólo debe asistir a la madre, sosteniéndola, preguntándole lo
que necesita, hablando con ella y, sobre todo, escuchándola y acompañándola,
pero no interviene en la práctica del parto.
—¿Por qué
escribió este libro?
—No quise
escribir un manual de lactancia, sino un libro vivo que pudiese dar cuenta de
mi historia, de mi recorrido. Un libro honesto hasta la brutalidad y pedí que
así fueran también los testimonios. Un libro escrito con honestidad. El libro
da cuenta de mi recorrido personal. Soy rosarina, me mudé a Buenos Aires en
busca de encontrar mi vocación y de un trabajo ligado a los medios ya que estudié
periodismo. Pero había algo que me llamaba, algo en relación al nacimiento que
me decía que debía dedicarle atención y allí descubro la profesión de la
puericultura. La maternidad fue el principio de un camino de búsqueda, para mí.
Puericultura y el
binomio madre-hijo
Consultado el
doctor Fabián Gavini, médico pediatra y docente universitario, explicó a
El Ciudadano los
alcances de la puericultura como consejo nutricional: “Tiene como objetivo el
binomio madre-hijo con la intención de introducir en él, el conocimiento de la
calidad y cantidad de alimento necesario para el crecimiento armónico y
saludable del bebé”.
“Además se ocupa
de cómo dar el pecho, cómo cuidar los pezones y de cómo debe higienizarse al
bebé”, dijo.

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